El camuflaje de un insecto

Dr. Rodrigo Zeledón Araya

Dr. Rodrigo Zeledón y Triatoma dimidiata

Habíamos terminado una investigación de campo en una zona rural de Costa Rica y no podíamos entender por qué las chinches bebesangre eran más comunes en aquellas casas que tenían el piso de tierra.

Estos insectos, que chupan sangre de las personas o de los animales durante la noche, transmiten una enfermedad producida por un parásito de la sangre y de algunos tejidos, que se llama tripanosomiasis o enfermedad de Carlos Chagas, en honor al investigador brasileño que la descubrió.

En el continente americano hay varias especies transmisoras y en nuestro país la única que existe en las casas recibe el nombre científico de Triatoma dimidiata. Cuando descubrimos que el insecto se encontraba más comúnmente en casas con piso de tierra, decidimos averiguar la razón de esta asociación.

Nos fuimos al campo a buscarlas en el piso de las casas y nos dimos cuenta de que las ninfas o formas juveniles, que aún no poseen alas, son muy difíciles de distinguir en la penumbra de las habitaciones, cuando están en contacto directo con la tierra.

Su aspecto sucio y su capacidad de permanecer inmóviles por largos ratos, les proporcionan un perfecto camuflaje que las hace pasar inadvertidas.

Una vez en el laboratorio, decidimos colocar en un recipiente, un poco de tierra en polvo, con algunas ninfas limpias y creadas por nosotros y observar qué pasaba. Ante nuestro sorprendidos ojos, los insectos comenzaron a rascar el suelo con sus patitas traseras y a echarse poco a poco un baño de polvo que los iba cubriendo hasta prácticamente desaparecer. A veces usaban las dos patas al mismo tiempo, aunque generalmente usaban un aola; una vez cubierta una mitad del cuerpo, comenzaban a rellenar la otra con la correspondiente pata.

Cuando sustituimos el polvo de tierra por talco blanco o por polvo de carbón, sucedió el mismo fenómeno; en cambio, se negaron hacerlo cuando se posaron en polvo de insecticida.

Al nacer las primeras ninfas, que heredan el instinto del camuflaje, éstas se cubren de tierra y pasan así inadvertidas a todos aquellos enemigos que se las comen, como las gallinas y las ratas.

Es como si la hembra de estos insectos intuyera que al depositar o dejar caer los huevecillos en el suelo cubierto de tierra, está garantizando la supervivencia de su especie.

Unos años después pudimos regresar a la región y confirmar que en aquellas casas en donde sus habitantes habían efectuado algunas mejoras materiales, las chinches habían desaparecido y que era suficiente colocar un piso de cemento para que esto ocurriera.

El estudio nos dejó una enseñanza. Es muy importante conocer la biología y el comportamiento de los insectos que de alguna manera perjudican a los seres humanos, ya que esto nos puede permitir combatirlos en forma eficaz y sustentable, muchas veces sin necesidad de usar insecticidas.

En el caso presente, pudimos deducir que basta colocar un piso adecuado para hacerle la vida difícil al Triatoma dimidiata, con lo que logramos evita que transmita entre nosotros una enfermedad, muchas veces de fatales consecuencias.