Dra. Ana Mercedes Espinoza E.

Queridos niños, como recordarán les hemos estado hablando de los científicos costarricenses, quienes trabajan tesoneramente para descubrir los secretos que encierra la naturaleza y ponerlos al servicio del país y de la humanidad. Hoy continuaremos esa labor dándoles a conocer detalles de la vida personal y profesional de una de las investigadoras más destacadas en el campo de la biología molecular: la doctora Ana Mercedes Espinoza Esquivel.
Tal y como le ha sucedido a muchos grandes científicos, la inclinación de la doctora Espinoza hacia la biología se manifestó desde que era una niña y jugaba con sus amiguitos y amiguitas de las afueras de la ciudad de Heredia, donde nació el 20 de agosto de 1951. En aquellos tiempos Heredia era un vecindario relativamente pequeño, muy coqueto y sin edificios grandes ni muchos automóviles, como vemos hoy.
Los cafetales y potreros donde jugaban Ana Mercedes y sus amigos quedaban muy cerca de sus casas, de modo que con caminar un poco ya se encontraban con las plantas, los árboles, los pájaros y demás vida silvestre. Ella y su grupo pasaban gran parte del día jugando felices en esos lindos contornos, pero Ana Mercedes recordaba muy bien la única advertencia de sus padres, don Juan y doña Marta, de regresar a tiempo para las comidas.
En medio de sus juegos recogían hojas para formar colecciones; larvas y capullos para observar cómo se transformaban en bellas mariposas que luego volaban libres con sus delicadas alas de colores resplandecientes. El verdor de los árboles y los pastos que los rodeaban y la fascinación que ejercía la naturaleza sobre sus mentes infantiles, les hacía preguntarse el por qué de todo lo que veían. Como en aquellos tiempos casi todas las casas tenían grandes patios, sus observaciones e “investigaciones” continuaban ahí.
Precisamente la casa de Ana Mercedes tenía un patio muy grande en el que se hallaban arañas picacaballo, gusanos de ortiga y muchos otros insectos más. Aquello era una especie de laboratorio que excitaba sus mentes infantiles.
Para ella todas esas experiencias quedaron grabadas por siempre y fueron como una semilla que influiría mucho en la escogencia de su carrera universitaria.
Durante las vacaciones, Ana Mercedes pasaba emocionantes temporadas en la finca de sus abuelos maternos, en Barreal de Heredia. Ahí, en contacto con los sembradíos de café, maíz, chayotes y tacacos, se despertó su gusto por la agricultura y su admiración por los campesinos.
La enseñanza secundaria fue también fundamental, principalmente gracias a su entusiasta profesora de ciencias, que la puso en contacto con los primeros experimentos químicos, lo que terminó de sellar su vocación por las ciencias.
En 1970, entró a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Costa Rica (UCR) a estudiar Fitotecnia, rama de la Agronomía que estudia las plantas. Posteriormente obtuvo una maestría en Biología y luego, gracias a sus excelentes capacidades para el estudio y a su esfuerzo y dedicación, logró una beca para continuar su carrera académica en Inglaterra. Ahí, en el Instituto John Innes, alcanzó un doctorado en virología de plantas.
Ana Mercedes también da conferencias y asiste a congresos científicos en diferentes partes del mundo, además de que dirige a un equipo de trabajo de 24 jóvenes investigadores en el Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular de la UCR. ¿Se dan cuenta, entonces, de lo necesario que haya científicos como Ana Mercedes?
Vamos a terminar contándoles en esta primera parte que aunque la doctora Espinoza ha se ha dedicado al estudio y a la investigación durante muchos años, también ha compartido su tiempo con la familia. Está casada con el periodista Juan Fernando Cordero y tiene tres hijos: Andrés y Sofía, ambos graduados de la Escuela de Biología de la UCR, y Lucía, de trece años, quien manifiesta que le gustaría estudiar el comportamiento de las serpientes.
¿Ven ustedes cómo se puede ser un científico muy ocupado y estudioso, y al mismo tiempo una persona que disfruta de las demás cosas que le ofrece la vida? ¿Les gustaría a ustedes seguir el ejemplo de Ana Mercedes y convertirse en científicos que ayuden a que la gente viva mejor?